Cómo se digitaliza una colección de museo paso a paso

↩ Volver al blog

Qué pasa exactamente desde que un fotógrafo llega a un museo hasta que el archivo está listo para usar. El proceso completo de digitalización de colecciones, sin tecnicismos innecesarios.

La palabra digitalización se usa mucho y se entiende poco. En el contexto de colecciones museísticas significa una cosa concreta: convertir cada pieza física de un fondo en un archivo digital identificable, de calidad suficiente para todos los usos que la institución necesite ahora y en el futuro.

Lo que no significa es simplemente fotografiar cosas. Fotografiar cosas es fácil. Digitalizar una colección con criterio es un proceso con varias fases que, si fallan en algún punto, pueden inutilizar semanas de trabajo.

Esto es lo que pasa exactamente, desde el principio hasta la entrega.

Fase 1: la visita técnica

Antes de aparecer con el equipo necesito ver la colección. No el inventario en papel, no las fotos que ya existen: la colección física, el espacio donde está y las condiciones en que se va a trabajar.

En esa visita evalúo varias cosas a la vez. El tipo de piezas y su variedad: no se fotografía igual un libro encuadernado que un instrumento quirúrgico tridimensional o una pieza de cerámica esmaltada. El número real de objetos, que casi siempre difiere del número que aparece en el inventario. El espacio disponible para montar el set: si hay una sala vacía, un pasillo ancho, un almacén con techo suficiente. Y las condiciones de manipulación: si hay personal de conservación, si las piezas pueden moverse, si algunas tienen restricciones de luz o de manejo.

Con esa información sobre la mesa se puede hacer un plan de trabajo real y un presupuesto cerrado. Sin ella, cualquier cifra es una estimación que va a cambiar.

Fase 2: la preparación del equipo y el protocolo

Cada colección necesita una configuración específica. El equipo de iluminación para fotografiar joyería no es el mismo que para fotografiar pintura de gran formato o para registrar una colección de manuscritos.

Lo que sí es constante en todos los proyectos es el protocolo de control de color. Antes de fotografiar la primera pieza de cada sesión se hace una toma de la carta ColorChecker, que permite calibrar el procesado posterior y garantizar que el color del archivo es el color real del objeto, no una interpretación de la cámara o de la luz del día.

También se prepara el testigo de escala, que aparece en la toma de registro de cada pieza y permite conocer sus dimensiones reales sin tener que volver a medirlas.

Y se acuerda la nomenclatura: cómo se van a llamar los archivos. Lo habitual es usar el número de inventario de la institución, que permite relacionar cada imagen con la ficha de catalogación existente sin ambigüedad. Si la institución usa DOMUS, CER.ES u otro gestor de colecciones, los archivos salen nombrados de forma compatible con ese sistema. Las especificaciones técnicas completas —formato de archivo maestro, espacio de color, resolución y derivados— están detalladas en la página del servicio de digitalización.

Fase 3: la sesión de fotografía

El set se monta en la propia sede. La pieza no sale, no se embala y no cambia de condiciones ambientales. El equipo llega a la colección, nunca al revés.

La iluminación es siempre luz fría continua, sin componente ultravioleta ni infrarroja. Eso limita la exposición lumínica acumulada sobre las piezas y reduce el riesgo de deterioro por calor o por radiación.

El ritmo de trabajo depende del tipo de pieza. En series homogéneas de objetos pequeños y de manipulación sencilla se pueden fotografiar entre 30 y 40 piezas por jornada con el protocolo completo. En piezas de gran formato, objetos tridimensionales que necesitan muchas vistas o materiales especialmente frágiles, el ritmo baja. Eso se estima en la visita técnica y se refleja en el calendario.

Cada pieza recibe la cobertura que necesita: una toma principal de registro, vistas adicionales si el objeto lo requiere (perfil, reverso, base, detalle de marca o punzón), y macro de detalle cuando hay información relevante que no se ve a simple vista.

Cuando la institución tiene personal de conservación, es ese personal quien coloca y retira cada pieza. El fotógrafo trabaja sobre el objeto ya dispuesto.

Fase 4: el procesado

Las imágenes no se entregan tal como salen de la cámara. El procesado es parte del trabajo y forma parte del precio cerrado.

El procesado de catalogación incluye corrección de exposición y balance de blancos usando como referencia la toma de la carta de color de cada serie, alineación y corrección de perspectiva cuando hace falta, y limpieza de fondo en las tomas de registro que lo requieran.

Lo que no incluye es retoque interpretativo. La pieza se documenta tal como es, con su estado de conservación real. Si durante la sesión aparece una fisura, una pérdida o un deterioro que no constaba en la ficha, queda anotado en la hoja de control y documentado en las imágenes.

De cada pieza se generan tres archivos: el maestro de conservación en TIFF sin compresión a 16 bits con perfil de color incrustado, una versión de publicación en JPEG de alta calidad, y una versión ligera para web o para el gestor de colecciones.

Fase 5: la entrega y la hoja de control

La entrega no es una carpeta de imágenes. Es un paquete documentado.

Junto con los archivos va la hoja de control: un listado de todo lo fotografiado, con la correspondencia entre el número de inventario y los archivos generados, las incidencias de conservación detectadas durante la sesión y cualquier pieza que por alguna razón no haya podido fotografiarse según el protocolo acordado.

Esa hoja de control es lo que convierte el archivo digital en algo justificable ante una aseguradora, ante una auditoría de gestión o ante una convocatoria de subvención que exija acreditar el trabajo realizado.

Los archivos se entregan nombrados según la nomenclatura acordada en el briefing, listos para cargar en el gestor de colecciones sin renombrar ni reorganizar.

Cuánto dura un proyecto de digitalización

Depende del volumen y de la tipología de la colección. Una colección pequeña de menos de quinientas piezas homogéneas puede resolverse en una o dos jornadas de trabajo. Una colección grande o muy heterogénea es un proyecto de semanas o meses, que habitualmente se divide en campañas para poder repartir el gasto entre ejercicios presupuestarios sin perder la coherencia técnica entre fases.

Lo importante es que el criterio técnico sea el mismo desde la primera pieza hasta la última, aunque entre una sesión y la siguiente pasen meses. Eso es lo que permite que el archivo funcione como un conjunto y no como una colección de lotes sin relación entre sí.

Si quieres ver cómo queda el resultado, el caso de la Real Academia Nacional de Medicina es un ejemplo de proyecto publicado en Google Arts & Culture. Y si tienes una colección que necesita digitalización y quieres saber cómo se haría con tu fondo específico, escríbeme. La visita técnica no tiene coste y no compromete a nada: es simplemente la única forma de dar un número que luego no cambie.

¿Tienes un proyecto?

Digitalización de colecciones, piezas y fondos documentales.

Desde 12 € por pieza en series homogéneas. Trabajo in situ: la colección no sale de su sede.

Solicitar presupuesto ↗Ver el servicio ↗